LO QUE LA POBLACIÓN PERCIBE DEL CAMBIO AMBIENTAL EN LA MONTAÑA MEDITERRÁNEA

Teodoro Lasanta*

Nuria Esther Pascual Bellido**

La montaña reúne a un 10% aproximadamente de la población mundial, pero abastece en bienes y servicios a más del 50% de los habitantes de la tierra. Por ello, algunos científicos sugieren que las montañas deben considerarse un bien común y que todos debemos participar en su gestión y conservación. Para que éstas sean eficaces, y beneficiosas para el desarrollo sostenible y el medio ambiente, es esencial conocer la opinión de los actores del territorio (stakeholders), porque son los que mejor conocer la realidad local y los encargados de aplicar las políticas públicas.

El interés global de la montaña adquiere especial significado en las mediterráneas, por su dilatada historia de gestión y por sus cambios intensos durante las últimas décadas. Así las españolas, al igual que otras europeas, han experimentado cambios profundos desde mediados del siglo XX, por emigración de la población e inadaptación a un mercado muy competitivo y global. El paisaje ha cambiado (ha perdido rasgos antropógenos para dibujar una imagen más natural) para bien (menor erosión del suelo, mayor absorción de CO2, mejor regulación hídrica, incremento del atractivo para la población urbana,…) y para mal (pérdida de un paisaje cultural, mayor riesgo de incendios, disminución de la biodiversidad,…).

La opinión de los stakeholders es fundamental para interpretar este cambio y gestionar un territorio tan extenso, interesante e influyente como la montaña mediterránea. La gestión es más eficaz y más rápida cuando se tiene en cuenta la opinión de los actores del territorio. Con este fin en Cameros Viejo (Sistema Ibérico riojano), un área muy representativa de la montaña mediterránea, se realizaron 25 entrevistas semiestructuradas a personas pertenecientes a los tres grupos sociales: personas que viven y trabajan en Cameros Viejo (grupo A), que sólo trabajan (grupo B), o que poseen una segunda residencia (grupo C). En el grupo A se incluyen personas mayores, con estudios primarios y ocupados en el sector primario. En el grupo B personas de mediana edad, con estudios superiores y empleados en el sector público. En el grupo C antiguos emigrantes y propietarios de una segunda residencia. Se preguntó por los cambios recientes en la cubierta vegetal, sus causas y sus consecuencias socioeconómicas y ambientales.

Las respuestas mostraron una buena percepción de los cambios paisajísticos registrados desde mediados del siglo XX, siendo muy conscientes del proceso de revegetación. Su percepción coincide con los resultados de los científicos en las principales causas (abandono de tierras, reforestaciones masivas por parte de la administración, y falta de ganado y personas en el monte), en algunas de sus consecuencias socioeconómicas (en la agricultura, ganadería, paisaje y caza) y en varios de los impactos ambientales: hay menos erosión del suelo, mayor riesgo de incendios, expansión de la fauna silvestre y los ríos llevan agua de mejor calidad; difieren en otros impactos, especialmente en el volumen de escorrentía. Lo más interesante de nuestro estudio fue comprobar que el grupo A tiene una percepción más realista de los cambios en el medio natural, quizás por conocer mejor las limitaciones y potencialidad de su territorio, que los otros dos grupos.

Los resultados sugieren algunas recomendaciones. En primer lugar, la menor participación de la población local puede tener implicaciones de cara a la gestión futura, al ser el grupo social que mejor percibe los cambios; son los grupos foráneos los que, cada vez más, orientan y aplican las decisiones de gestión, pese a tener una percepción distorsionada de algunas de las consecuencias socioeconómicas y ambientales de los cambios en el medio natural. En segundo lugar, los científicos deberían divulgar más y mejor sus resultados hasta hacerlos llegar a amplios sectores de la población, especialmente a los gestores del territorio. En tercer lugar, se corre el riesgo, sin la participación de la población local, de perder muchos conocimientos tradicionales que podrían resultar claves para una gestión sostenible del territorio. Por último, se señala la necesidad de tener en cuenta los resultados científicos y los conocimientos locales. Se aconseja, también, la implicación activa de los stakeholders, especialmente de la población local, en la toma de decisiones de adaptación al cambio global. Sólo así será posible actuar sobre espacios que aún conservan su capacidad de recuperación, antes de llegar a un estado irreversible.

Para ampliar información:

Lasanta, T. y Pascual Bellido, N.E. (2015): Percepción y valoración del proceso de revegetación por los actores del territorio: un estudio preliminar en el Sistema Ibérico. Documents d’Anàlisi Geogràfica, 61/1, 113-134

*Profesor de Investigación del CSIC en el Instituto Pirenaico de Ecología.

** Profesora de la Universidad de La Rioja