Explotación forestal en los valles del oeste de La Rioja y Catamarca (Argentina)

Facundo Rojas

En el oeste de las provincias de La Rioja y Catamarca, en el Noroeste argentino, se produjo una creciente explotación forestal desde mediados de siglo XIX.Estos procesos de deforestación (de los denominados algarrobales) estuvieron motorizados por actividades emergentesen aquellos momentos, como el auge de la minería metalífera, la llegada del ferrocarril y la demanda de productos madereros provenientes del bosque nativo.

De acuerdo a estimaciones propias,hacia mediados de siglo XIX, probablemente alrededor de una quinta parte del área de estudio habría estado cubierta por bosque nativo (alrededor de 10.800 km2). Los efectos de la actividad minera sobre el bosque nativo implicaron un consumo de forestales (entre 1851 y 1914) de casi medio millón de toneladas en torno al salar de Pipanaco, especialmente al sur de la localidad de Andalgalá (Catamarca), y aproximadamente 350.000 toneladas en el bolsón de Chilecito (La Rioja). Hay que decir también que la explotación forestal, intensificada desde la década de 1850, nunca mermó considerablemente en las décadas subsiguientes.

En los primeros años del siglo XX, se sumó el impacto del ferrocarril, el cual si bien asistía a la demanda forestal minera, orientaba sus principales cargas extraídas de algarrobales (y también retamales) hacia la satisfacción de la demanda de otras provincias con mayor dinamismo económico.

Los resultados de este estudio se interpretaron (principalmente a partir de categorías de la Historia ambiental y la Ecología política) con relación a otros procesos económicos y sociales, que de diversas maneras continúan revistiendo importancia en la actualidad.Es el caso de la actividad agrícola, que representaba la actividad favorecedora del desarrollo por excelencia (en los imaginarios gubernamentales), después del declive minero metalífero sucedido a partir de la Primera Guerra Mundial. Fue así, que la actividad olivícola y vitivinícola captó los mayores esfuerzos estatales, a mediados de siglo XX, expresados en diversos tipos de intervenciones y fomentos gubernamentales. Contrariamente, la actividad forestal continuó constituyendo –durante todo el siglo XX- una válvula de escape a las carencias materiales y energéticas de la población de la región, lo que llevó a los gobiernos regionales a resignar algunas funciones soberanas sobre este sector, incumpliendo los planes de control y manejo forestal, firmados con organismos nacionales.

En esos contextos, se pudieron observar desfavorables características del mundo del trabajo minero y forestal, cada uno con sus particularidades. A ello se sumaban las escasas alternativas favorables para participar de una actividad agropecuaria que les brindara a los campesinos mejores condiciones de vida. Estas condiciones habrían socavado la consolidación de un sistema productivo sólido y persistente en esta región. Ello se puede observar, por ejemplo, en las pronunciadas tasas de emigración hacia otras provincias, como Mendoza y Tucumán. Estos desplazamientos advertirían las contradicciones que representaban estos sistemas productivos en los imaginarios y las materialidades cotidianas de los sectores populares catamarqueños y riojanos. Fue así que hasta nuestros días la visión expresada por los entrevistados, parece confirmar lo que señalan los documentos y ensayos sobre desarrollo regional. Para todo el período de estudio,por ejemplo, la intensa extracción forestal no pareció redundar en mejores condiciones de vida para los campesinos y hacheros, que constituían el más bajo eslabón económico de esta actividad, ni tampoco contribuir al ansiado desarrollo regional para estas provincias históricamente postergadas, en el plano nacional.

Es así, que en los momentos actuales, cuando muchos tomadores de decisiones sostienen que la actividad minera sería proveedora de “desarrollo” y “progreso” de forma directa y lineal, sin un análisis del contexto socio-cultural, geográfico, histórico y hasta económico a mediano plazo. Vendría bien aprovechar la experiencia histórica, que demuestra los desaciertos de comprender al desarrollo como sinónimo de inversión, o de hacer analogías lineales entre mayores indicadores macroeconómicos, con mejor calidad de vida para los sectores populares. En tiempos que se continúan ensayando proyectos de “desarrollo regional” (que en general giran solamente en torno a actividadesextractivas, de exportación agrícola o fomento turístico). Sería aconsejable incluir, en estos planes generalmente diseñados “desde arriba”, mayores preocupaciones sobre el rol (y el empoderamiento real) de los actores locales (quienes viven y trabajan en torno al bosque y a los recursos que se buscan aprovechar) y sobre las implicancias ambientales de las actividades a desarrollar, precisamente sobre las cuales los propios campesinos tienen mucho por aportar.

Para mayor información:

Rojas,Facundo, Prieto María del Rosario, Villagra Pablo y Álvarez Juan(2014) “Deforestación y actividades productivas en los valles riojanos y catamarqueños desde mediados de siglo XIX”. Boletín de Estudios Geográficos Universidad Nacional de Cuyo.

http://bdigital.uncu.edu.ar/app/navegador/?idobjeto=5514

Rojas, Facundo (2013) “Rol de la minería y el ferrocarril en el desmonte, del oeste riojano y catamarqueño (Argentina), en el período 1850-1940.” RevistaPoblación y Sociedad, Revista Regional de Estudios Sociales, Instituto Superior de Estudios Sociales, Tucumán. Vol. 20 N° 1: 5-39.

http://www.poblacionysociedad.org.ar/archivos/20/P&S-V20-N2-Rojas.pdf

Facundo Rojas es investigador asistente del CONICET.Realizó su doctorado en Geografía en la Universidad Nacional de Cuyo, donde se desempeña como Profesor en la Cátedra de Epistemología de la Geografía.